domingo, 10 de abril de 2016

Amigas

Alguna vez escuche a alguien decir que a medida que creces y maduras, aquellas personas a las que llamabas amigos se van quedando en el camino. A estas alturas de mi vida, algo así como los 20 pasaditos, comprendo que es cierto; es cierto que maduras, vives más cosas, sonríes por otros motivos diferentes y te entristeces al saber la realidad que te espera.
Nadie en su sano juicio e inocencia del colegio se imagina que esos 10, 20 o incluso 50 “amigos” se reducirán a escasos 5, no se imaginan que al llegar los años, las prioridades cambian, las relaciones se fortalecen o se acaban y el tiempo es escaso para mantenerlas.
Este post dedicado a mi mejor amiga, la cual sabemos las dos que no fuimos las primeras en la vida de la otra pero que, a pesar de los años (ya 6 de conocernos) y a pesar de la distancia -pues vivimos  en ciudades distintas- seguimos dándonos el abrazo más fuerte cada vez que nos vemos y riéndonos como si fuese la primera vez que nos contamos un chiste.
Creo que cada quien en el colegio pertenece a un combo, algo así como un grupo de amigos en el cual cada uno se destaca por algo: está el deportista, el chistoso, el hablador, el más estudioso o nerdito y pues está el que los une a todos. En mi caso, éramos un grupo de 5 amigas, compañeras de curso en bachillerato que vivíamos relativamente cerca, en el salón nos sentábamos cerca y casi todos los descansos estábamos juntas, muy pocas veces se veía la separación. Éramos Angie, Marly, Denny, Dani y mi persona, cada una con diferentes personalidades, diferentes situaciones, diferentes perspectivas de la vida. Todas fuimos a la fiesta de 15 de las otras, todas le caíamos bien a los profesores, todos nos acompañamos en el grado, es más, todas intentamos reunirnos después del prom pero por X, Y, Z o todas las letras que tiene el abecedario no nos pudimos ver.
Luego del colegio, cada quien a su acomodo piensa en que hacer, estudiar, trabajar o desafortunadamente, en mi opinión, quedar embarazada del “supuesto” primer amor del colegio. En nuestro caso afortunado, todo mi grupo estaba centrado en seguir estudiando, conseguir un título universitario y ver como los proyectos de cada una se cumplían intentando que las otras encajaran en él. Yo inicie una carrera tecnológica de la cual me retire en el primer semestre pues no le vi futuro, mi mejor amiga paso por lo mismo y cambio de carrera, las otras tres iniciaron a estudiar desde que salieron del colegio y a estas horas ya una de ellas está por sacar título universitario.
Dani y yo, pensando que hacer por la otra carrera de universidad, ideamos el plan de cambiar de ciudad, irnos a otra universidad, pero solo yo me fui, ella se quedó puesto que las opciones eran mucho mejores. Por mi parte, emprendí el camino hacia la ingeniería, muy lejos de mi casa, como a 1000 metros sobre el mar, más de los que experimentaba a diario y casi 10° menos de temperatura, actualmente séptimo semestre de ingeniería industrial, sin mucho que decir al respecto pues creo que para mí los planes son otros, esto es mero formalismo. He conocido a muchas personas, han pasado por mis ojos bastantes parciales, trabajos y quizes, he sido testigo de más de un regaño y es obvio, he cambiado en muchos aspectos: cómo pienso, cómo actuó y cómo me siento, pero aun así, aquí adentro sigue ese pequeño espíritu.
Lo increíble de todo, es que ya casi 7 años desde que nos conocimos, seguimos hablando, riendo y compartiendo. No pasan vacaciones sin que nos pongamos a adelantar agenda, sin que un Cupcake o un helado se demore eternidades en terminarse contando historias que han pasado en los días que no nos vemos.

Aquí sentada en la silla, con el frio hasta las pestañas, el café que inunda la sala y los recuerdos a flor de piel, me despido de ustedes, dejándoles como moreleja o enseñanza o bueno una simple frase, nunca subestimen el poder de la amistad, nunca dejen ir a esa persona que le hace bien a sus vidas y más importante aún, que tiene el mismo desorden mental que ustedes.

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