Alguna vez escuche a alguien
decir que a medida que creces y maduras, aquellas personas a las que llamabas
amigos se van quedando en el camino. A estas alturas de mi vida, algo así como
los 20 pasaditos, comprendo que es cierto; es cierto que maduras, vives más
cosas, sonríes por otros motivos diferentes y te entristeces al saber la
realidad que te espera.
Nadie en su sano juicio e
inocencia del colegio se imagina que esos 10, 20 o incluso 50 “amigos” se
reducirán a escasos 5, no se imaginan que al llegar los años, las prioridades
cambian, las relaciones se fortalecen o se acaban y el tiempo es escaso para
mantenerlas.
Este post dedicado a mi mejor
amiga, la cual sabemos las dos que no fuimos las primeras en la vida de la otra
pero que, a pesar de los años (ya 6 de conocernos) y a pesar de la distancia -pues
vivimos en ciudades distintas- seguimos
dándonos el abrazo más fuerte cada vez que nos vemos y riéndonos como si fuese
la primera vez que nos contamos un chiste.
Creo que cada quien en el colegio
pertenece a un combo, algo así como un grupo de amigos en el cual cada uno se
destaca por algo: está el deportista, el chistoso, el hablador, el más
estudioso o nerdito y pues está el que los une a todos. En mi caso, éramos un
grupo de 5 amigas, compañeras de curso en bachillerato que vivíamos relativamente
cerca, en el salón nos sentábamos cerca y casi todos los descansos estábamos
juntas, muy pocas veces se veía la separación. Éramos Angie, Marly, Denny, Dani
y mi persona, cada una con diferentes personalidades, diferentes situaciones,
diferentes perspectivas de la vida. Todas fuimos a la fiesta de 15 de las
otras, todas le caíamos bien a los profesores, todos nos acompañamos en el
grado, es más, todas intentamos reunirnos después del prom pero por X, Y, Z o todas
las letras que tiene el abecedario no nos pudimos ver.
Luego del colegio, cada quien a
su acomodo piensa en que hacer, estudiar, trabajar o desafortunadamente, en mi
opinión, quedar embarazada del “supuesto” primer amor del colegio. En nuestro
caso afortunado, todo mi grupo estaba centrado en seguir estudiando, conseguir
un título universitario y ver como los proyectos de cada una se cumplían
intentando que las otras encajaran en él. Yo inicie una carrera tecnológica de
la cual me retire en el primer semestre pues no le vi futuro, mi mejor amiga
paso por lo mismo y cambio de carrera, las otras tres iniciaron a estudiar
desde que salieron del colegio y a estas horas ya una de ellas está por sacar título
universitario.
Dani y yo, pensando que hacer por
la otra carrera de universidad, ideamos el plan de cambiar de ciudad, irnos a
otra universidad, pero solo yo me fui, ella se quedó puesto que las opciones
eran mucho mejores. Por mi parte, emprendí el camino hacia la ingeniería, muy
lejos de mi casa, como a 1000 metros sobre el mar, más de los que experimentaba
a diario y casi 10° menos de temperatura, actualmente séptimo semestre de
ingeniería industrial, sin mucho que decir al respecto pues creo que para mí
los planes son otros, esto es mero formalismo. He conocido a muchas personas,
han pasado por mis ojos bastantes parciales, trabajos y quizes, he sido testigo
de más de un regaño y es obvio, he cambiado en muchos aspectos: cómo pienso, cómo
actuó y cómo me siento, pero aun así, aquí adentro sigue ese pequeño espíritu.
Lo increíble de todo, es que ya
casi 7 años desde que nos conocimos, seguimos hablando, riendo y compartiendo.
No pasan vacaciones sin que nos pongamos a adelantar agenda, sin que un Cupcake
o un helado se demore eternidades en terminarse contando historias que han
pasado en los días que no nos vemos.
Aquí sentada en la silla, con el
frio hasta las pestañas, el café que inunda la sala y los recuerdos a flor de
piel, me despido de ustedes, dejándoles como moreleja o enseñanza o bueno una
simple frase, nunca subestimen el poder de la amistad, nunca dejen ir a esa
persona que le hace bien a sus vidas y más importante aún, que tiene el mismo
desorden mental que ustedes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario