Te sientes entrar a un túnel, tu
cuerpo pesa y como por arte de la gravedad en contra tuya, piensas en lo mucho
que no te gusta estar así.
Lloras, estornudas, toses,
limpias; este procesos en casi ultimo
año de medicina en Harvard, se repite por una o dos semanas.
Así es!!! Te sientes enfermo, una
gripe salvaje que te despierta a las 4 am para que acomodes tu cabeza, porque
el ángulo de inclinación no es el suficiente haciendo que la congestión limite
la entrada de oxígeno a tus pulmones. Parece más un problema de física pero, en
medio de la pesadez y el sueño, acomodas tu espalda, cambias de posición y de
almohada, al parecer ya está, respiras con confianza aunque sigues sospechando
del sereno y su amigo chiflon nocturno. a esa hora no es tan probable que
te despiertes del todo. Sigues durmiendo, y no te fijas en que ahora casi
duermes sentado.
Despiertas por completo con aquel
sonido ya sea el cantar de las aves, la alarma del celular o el reloj
despertador, angelical o infernal para la situación, tienes cosas que hacer,
ducharte y comenzar el día a punta de pensar que desayunar.
antes de que todo este plan pase
por tu mente, algo extraño sucede, recuerdas hace unas cuantas horas la falta
de aire, la congestión, la frente que arde y los pies que hielan, caes en
cuenta que de buenas a primeras la gripe salvaje apareció en tu itinerario,
todo cambia, sacar tiempo para ir a la
farmacia, tomar lo que compraste y esperar 8 horas para tomar la siguiente
dosis.
Extrañas los delicados y sutiles
cuidados de tu progenitora, pañitos de agua para la fiebre y agüitas de hierbas
para el malestar, al fin te logras levantar de tus ahora nuevas amigas las
cobijas, te desases de ellas y llegas lucido a la cocina, pretendes competir
con el amor de mamá pero, solo logras un pequeña dosis de azúcar y agua saborizada,
es extraño como lo que haces tú y lo que hace ella es idéntico aunque
totalmente distinto al llegar a tu organismo, se llamara mamitis pero así es
que funciona.
No pasa nada, te das ánimos para
seguir el día con una frase típica, “solo es un resfriado, más tarde desaparece”,
actitud positiva como medida de prevención de tu cuerpo que entre sudores y mareos
se viste solo, sin ayuda de tu mente que vuela lejos junto con todo, menos la
coordinación del color de calcetines.
Tu día inicia finalmente,
actividades comunes transcurren lentamente con un kit antigripal en tu bolso,
medicamentos, pañitos, recetas médicas, inhaladores, todo lo imaginable en el
bolso de una mujer ahora lo tienes sin querer para mejorar.
Gracias al olimpo tu di finaliza,
llegas a casa igual o en un estado más avanzado del cual saliste, como si de
una maratón se tratase, y tu traje, falda o camiseta fuesen obstáculos en el
camino, llegas a la cama, no importa si tienes hambre, sed o ganas de escuchar
música, el cansancio te mueve haciendo que tu meta sea ese colchón de toda la
vida que te ha visto crecer, caes preso de tus sueños, del Vic vaporub, de las
goteras poco agradables y de tu falta de olfato que atrofiado, hace que la
comida sepa a lo mismo, así sea el manjar más espectacular.
Hoy les escribo con algo de
insomnio por la bebida energizante que tome en la mañana tratando de
contrarrestar los efectos de la gripe pero, creo que no funciono, de igual
manera creo que no solo me sucede a mí, sigo imaginando que somos muchos a los
que la gripe salvaje les despierta a las 4 am para avisarles que ha llegado por
una temporada.