Esos ataques de
sinceridad pueden ser de mucha ayuda, para quitarse el peso de encima, y si
contamos con la suerte de que la persona a la que se lo gritamos, lo tome de la
manera que esperamos, aceptando la realidad de las cosas y mejorando para su
bien, toda esta dentro del maravilloso mundillo que queremos. Pero, si por el
contrario, nos encontramos no con una persona sino con una pared, ciega y gris,
a la que todo le molesta y más aún que se le diga la verdad en la cara porque a
toda costa negara la realidad que tú ves y este muro de contención no acepta,
pues sencillamente habrás ganado en este ataque de sinceridad que sin éxito
alguno, esperas deje un eco en la mente de esta persona.
Pero como es un
ataque de sinceridad, de por sí que no tienes estos movimientos todo el día o
con una persona que apenas conoces y entra en tu prejuicio, no. La realidad es
que, los nombrados ataques llegan con las personas que más conviven a tu lado,
a esas que crees conocer y muchas veces es cierto, las conoces. Este acto de
valentía y honestidad llevado a un nivel experto, y digo que es de valentía
porque no a todos nos enseñan a decir las cosas, eso no es una materia en el
colegio como esa tal Algebra o Besos I y
II. Esto no es para muchos sino para machos, entiéndase por machos, no ese con
bigote y vaqueros, ese que no tiene pelos en la lengua y al que el que dirán le
vale madres.
Para este ataque
de sinceridad, presentas u cuadro clínico con; ojos saltones, sudores fríos
cuando estas en situación de riesgo y como no, un concierto de ideas
revoloteando en la cabeza, este último es lo peor de todo porque no sabes si es
que tu mente juega con tu cuerpo o simplemente estás hablando solo.
Estas ideas, son
esencialmente las conductas y características que no te gustan de esa persona,
pueden ser según la subjetividad, malas o buenas eso depende de cuando ha sido
el malestar de te ha producido. Luego de que estas ideas se medió organizan,
pasando de concierto a un batallón de infantería, cantando a unísono y haciendo
una fantástica unión de palabras como preparando en tu interior un discurso,
llega la pregunta que reduce toda esta parafernalia.
Le digo o no?,
sabes que tarde o temprano vas a explotar, pero eso es lo que no se quiere, es
mejor decir las cosas diplomática y calmadamente. Entonces te empiezas a
imaginar todo un plan para que el día en que encuentres a esta persona puedas
ser lo más acorde posible con las ideas del principio.
Y llega el
momento, dicen que las palabras tienen poder, es cierto, eso que pensaste por
un largo rato, se está cumpliendo y sabes que no saldrá como lo planeaste pero
saldrá. Saldrán esas palabras te atosigan y saldrá de ti ese peso muerto que
hace rato cargas. Increíble pero cierto sientes ese fresco que sintió la
hinchada colombiana cuando golearon a Brasil. Te quedas sin aliento y con la
inmensa cachetada mental hacia ti mismo y un “maldita sea que carajos hice”.
Sin más ni más,
como lo decía al principio, puede haber dos reacciones, esa de que acepta la
realidad, se golpea un poco pero igual siguen adelante con una buena amistad,
ahora más sólida y cómica que se dice toda la verdad en la cara o de igual
manera, te puedes topar con aquella persona que jura y come Mocos chitos
que la verdad irrefutable es la que ve con esas gafas empañadas. Sea 1 o sea 2,
los pasos son los mismos, exorcice el momento, vívalo y supérelo, no hable más
del tema porque, se acordara de algo que no dijo, o algo que dijo de más y la
escena se repetirá durante horas.
El Por qué
escribo sobre este tema, es que nos pasa a menudo, y es necesario que nos pase,
así se cumple ese dicho de “mejor rojo una vez y no rodo toda la vida”, mejor
dejarlo salir fluye y resuelto el lio. Que si me ha pasado, si la verdad si me
paso, primero en esos arranques de locura extraña, fue una sinceridad por
texto, luego, se me salió la paz interior con el Dalai lama que me posee y lo
dije frente a frente, desafortunadamente, a mí me tocó un #2, con gafas
empañadas de subrealidad.

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