Los mejores planes son los que no se planean,
aquellas oportunidades que entre el parche de amigos,
juegan con unos minutos de
antelación y son los que mejor salen,
pijama, mecato y películas,
todo un día
de casa sin hacer nada más que relajar el pony,
como mis amigos dicen.
Una histeria
por esos planes que llegan sin aviso,
que te toman un día entero pero que al
final de todo fueron los mejores,
mejores que aquello que planeaste por meses,
mejores que un día normal y rutinario.
Una histeria por esos días que te dejan una
sonrisa de oreja a oreja,
por esos días en los que no piensas en nada,
en que
la pijama es la misma ropa de casa,
esos días en los que el control del
televisor,
radio o damas chinas se vuelven tu mejor amigo.
Una histeria por días
como hoy,
días como ayer o como el mañana que esperas,
frases como “Hoy es el
mañana que tanto te preocupaba ayer”,
son realidad, cada día trae su afán pero así
como este llega,
la paz también hace presencia.
Días como esos en los que tu
vida dio un vuelco,
no sabes cómo lo vivías antes,
días como aquellos en los
que esperas con desamino algo,
pero se presenta un algo mucho mejor,
días como
esos, en los que te sumas 365 recuerdos al haber de tu vida,
días en los que ves una
constelación irse de la tierra y otra nacer luego de nueve meses, días en los que
te detienes y piensas o simplemente días en los que no quieres parar, ni mirar atrás.
Días como hoy,
viernes, esperado por muchos, desesperado por otros y otros
tantos que lo ven como otro día de la semana.
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