Un recuerdo conduce a otro,
este último, mil
puertas abre en la inmensa laguna que llena de vida la mía.
Henos aquí discutiendo
por fechas en el calendario y horas en el reloj. No nos bastó con darnos
mutuamente cada pedazo de corazón, abarrotado de guiños y dulces gotas
provenientes del cielo.
Solo nos faltaba algo para ese trueque inverosímil. Una
mirada por una caricia, una sonrisa por un poema o tal vez un te quiero por un
ahora, tantos estrechamente relacionados que nadie puede entrar en aquel
mercado.
Funcionaba como la ida al médico, sentía la tensión y presentía un
dolor, el arma secreta; gas de la risa, por más aturdidos, disgustados o
cerrados que mis ojos estuviesen, se abrirían para tal molestia frente a
frente.
Como los piratas,
viviendo día a día, no solo en altamar, pata de palo
y parche de ojo. Piratas de alta costura, anclaje a la ciudad y mascara
protectora. Viviendo día a día los cambios que nunca imaginaron
XAM
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