Hermosa se ve la ciudad, desde lo más alto,
luces estáticas, otras parpadean, algunas apagadas y otras son las más vistosas
desde aquella posición, todas sin excepción alguna dan la bienvenida a los
viajeros, empresarios, mochileros y nativos que por algún motivo dejaron tierras
conocidas, emprendiendo aventuras en lo más lejano de la imaginación.
En unos días,
lluvia de estrellas anuncian los medios, tanto como gotitas de aquel infinito
cielo, y aunque por mi geografía sería imposible ver directamente aquellas, se permiten
pedir deseos a diestra y siniestra.
Es complejo y al mismo tiempo la idea más
sencilla de entender, el que algunos pidan sabiduría, otros simplemente salud
para seguir viviendo lo que más les gusta, igualmente piden riquezas,
sinceridad y paz.
El hecho de que lo más cursi en mi ser, salga y diga que el
amor reciproco es lo que pediría en ese mar de estrellas, nunca me lo imagine, algo así como aquella
manotada de arena que parecía desvanecerme entre mis dedos al no saberla conservar.
Prefiero letras y versos de parte y parte, no entender nada pero decirme en el
interior que eso fue desde siempre lo mejor.
Cursilería o no, escritos, vivencias,
distancias y cercanías, gritos a cual más o silencios incómodos, en el momento
que mis ojos lo decidan y mis manos reciban el mensaje.
El amor existe en el
mundo, alrededor de todos, no es imprescindible una lluvia de estrellas para
pedirlo de vuelta, solo es el hecho de confesarlo a un astro haría que ese
pequeño intento de volver, realidad se hiciera.
Espero ver la noche especial, así
sea vía online, no poder ser dueña de las estrellas o bajarlas para alguien,
verlas en la noche bastara e iluminara la más profundo en mí.
XAM
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